miércoles, 24 de septiembre de 2008

más juegos de palabras....

Este es MUY DIFICIL, ojo. Se trata de ordenar las letras y formar una palabra.
La que las resuelve es una genia....

OPTRA ED IPSO
ESROANP

PERRITA ARGENTINA

Más adivina adivinador


Todos los días del año me levanto muy temprano a quitar los desperdicios y basuras de tu barrio.


La cartera, compañera, me acompaña con frecuencia, voy de portal en portal llevando correspondencia.


Vivo junto al bosque, mi casa es de piedra, yo talo los árboles y corto madera
.

Adivinanzas


Adivina, adivina,
adivinador


Bueno, alguien (adivina quién) le encomendó a alguién que posteara estas adivinanzas.

¿Por qué habrá sido?

Bueno, la cosa es así: hay que adivinar las respuestas.
Agus ¿a qué no puedes?

Pista: todas las respuestas se hallan en el mar.

1)
No parezco, pero soy pez,
y mi forma refleja
una pieza de ajedrez

2)
Dos pinzas tengo,
hacia atrás camino,
de mar o de río
en el agua vivo

3)
Mucho ruido cuando va,
mucho ruido cuando viene.
haciendo ruido se va
y cuando mañana vuelva,
de igual manera se irá.



domingo, 21 de septiembre de 2008

Hoy empieza la primavera...


... y allí el otoño.
Me parece buena cosa. Cosa que no me parece muy justa. Justa no es la vida. Vida que igual me gusta. ¿Gusta de la primavera?

sábado, 20 de septiembre de 2008



Para la posteridad

jueves, 18 de septiembre de 2008




UN CUENTO SOBRE OTRO RATONCITO PEREZ QUE VIVE EN MALAGA



Pepito Pérez era un pequeño ratoncito de ciudad. Vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio. El agujero no era muy grande pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería, por las noches él y su padre iban a coger harina y todo lo que encontraban para comer. Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso que era trepó y trepó por las cañerías hasta llegar a la primera planta. Allí vió un montón de aparatos, sillones, flores, cuadros..., parecía que alguien se iba a instalar allí. Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica dental. A partir de entonces todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor José Mª. Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón. Después practicaba con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina... Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso. Venían ratones de todas partes para que los curara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos... Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara la boca. Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema más grande. No tenían dientes y querían comer turrón, nueces, almendras, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones que confiaban en él. Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vió cómo el doctor José Mª le ponía unos dientes estupendos a un anciano. Esos dientes no eran de personas, los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Pero esos dientes, eran enormes y no le servían a él para nada. Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la solución, apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que el doctor le quitara un diente de leche para que le saliera rápido el diente fuerte y grande. El doctor se lo quitó y se lo dió de recuerdo. El ratoncito Pérez encontró la solución: "Iré a la casa de ese niño y le compraré el diente", pensó. Lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa, se encontró con un enorme gato y no pudo entrar. El ratoncito Pérez se esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño. El niño se había dormido mirando y mirando su diente, y lo había puesto debajo de su almohada. Al pobre ratoncito Pérez le costó mucho encontrar el diente, pero al fin lo encontró y le dejó al niño un bonito regalo. A la mañana siguiente el niño vió el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio. Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada. Y el ratoncito Pérez los recoge y les deja a cambio un bonito regalo. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.FIN


HOLA A TODOS!!!!


LES QUERIA CONTAR QUE CON LOS DIENTITOS QUE ME LLEVO, FABRICO UNAS MONEDAS DE LECHE QUE SE LAS REGALO A LOS NIÑOS QUE NO TOMAN MUCHA LECHE PORQUE NO LA PUEDEN COMPRAR.


AUNQUE ME AYUDAN OTROS RATONCITOS Y UN HADA DE LOS DIENTES,A VECES TENEMOS TANTO TRABAJO QUE NO LLEGAMOS A JUNTARLOS TODOS.

CUANDO LOS NIÑOS SE PORTAN REQUETEBIEN, EL HADA LES REGALA UN LIBRITO DE CUENTOS Y ESO ESTA CHULI SEGUN ME CUENTAN ALGUNOS PAJARITOS.
BESOS A TODOS MIS AMIGUITOS!!!!!!!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

¿Por qué?

¿Por qué la nueva oficina es un caos?

¿Por qué Andrea cambió su foto?

¿Por qué a Agustina se le siguen cayendo los dientes?

¿Por qué se termina el verano?
¿Por qué tarda tanto en volver?


jueves, 11 de septiembre de 2008

Mudanza II




Esta era la oficina en la que estuve hasta hoy, último día. Mis compañeras se llaman Mercedes y Verónica. La semana que viene, ¡San Isidro!
Hoy fue un dia medio perdido con esto de hacer cajas y tal, y la semana que viene nos reincorporamos el martes, con suerte. Tengo un fin de semana largo!
Un beso a todas,
paula

martes, 9 de septiembre de 2008

para agus, un cuento horriblemente hermoso

Las tres medallas de la bondad

Saki, escritor escocés 1970-1916

Era una tarde calurosa y el vagón del tren también estaba caliente; la siguiente parada, Templecombe, estaba casi a una hora de distancia. Los ocupantes del vagón eran una niña pequeña, otra niña aún más pequeña y un niño también pequeño. Una tía, que pertenecía a los niños, ocupaba un asiento de la esquina; el otro asiento de la esquina, del lado opuesto, estaba ocupado por un hombre soltero que era un extraño ante aquella fiesta, pero las niñas pequeñas y el niño pequeño ocupaban, enfáticamente, el compartimiento. Tanto la tía como los niños conversaban de manera limitada pero persistente, recordando las atenciones de una mosca que se niega a ser rechazada. La mayoría de los comentarios de la tía empezaban por «No», y casi todos los de los niños por «¿Por qué?». El hombre soltero no decía nada en voz alta.

-No, Cyril, no -exclamó la tía cuando el niño empezó a golpear los cojines del asiento, provocando una nube de polvo con cada golpe-. Ven a mirar por la ventanilla -añadió.

El niño se desplazó hacia la ventilla con desgana.

-¿Por qué sacan a esas ovejas fuera de ese campo? -preguntó.

-Supongo que las llevan a otro campo en el que hay más hierba -respondió la tía débilmente.

-Pero en ese campo hay montones de hierba -protestó el niño-; no hay otra cosa que no sea hierba. Tía, en ese campo hay montones de hierba.

-Quizá la hierba de otro campo es mejor -sugirió la tía neciamente.

-¿Por qué es mejor? -fue la inevitable y rápida pregunta.

-¡Oh, mira esas vacas! -exclamó la tía.

Casi todos los campos por los que pasaba la línea de tren tenían vacas o toros, pero ella lo dijo como si estuviera llamando la atención ante una novedad.

-¿Por qué es mejor la hierba del otro campo? -persistió Cyril.

El ceño fruncido del soltero se iba acentuando hasta estar ceñudo. La tía decidió, mentalmente, que era un hombre duro y hostil. Ella era incapaz por completo de tomar una decisión satisfactoria sobre la hierba del otro campo.

La niña más pequeña creó una forma de distracción al empezar a recitar «De camino hacia Mandalay». Sólo sabía la primera línea, pero utilizó al máximo su limitado conocimiento. Repetía la línea una y otra vez con una voz soñadora, pero decidida y muy audible; al soltero le pareció como si alguien hubiera hecho una apuesta con ella a que no era capaz de repetir la línea en voz alta dos mil veces seguidas y sin detenerse. Quienquiera que fuera que hubiera hecho la apuesta, probablemente la perdería.

-Acérquense aquí y escuchen mi historia -dijo la tía cuando el soltero la había mirado dos veces a ella y una al timbre de alarma.

Los niños se desplazaron apáticamente hacia el final del compartimiento donde estaba la tía. Evidentemente, su reputación como contadora de historias no ocupaba una alta posición, según la estimación de los niños.

Con voz baja y confidencial, interrumpida a intervalos frecuentes por preguntas malhumoradas y en voz alta de los oyentes, comenzó una historia poco animada y con una deplorable carencia de interés sobre una niña que era buena, que se hacía amiga de todos a causa de su bondad y que, al final, fue salvada de un toro enloquecido por numerosos rescatadores que la querían por ser tan buena.

-¿No la habrían salvado si no hubiera sido buena? -preguntó la mayor de las niñas.

Esa era exactamente la pregunta que había querido hacer el soltero.

-Bueno, sí -admitió la tía sin convicción-. Pero no creo que la hubieran socorrido muy deprisa si ella no les hubiera gustado tanto.

-Es la historia más tonta que he oído nunca -dijo la mayor de las niñas con una inmensa convicción.

-Después de la segunda parte no he escuchado, era demasiado tonta -dijo Cyril.

La niña más pequeña no hizo ningún comentario, pero hacía rato que había vuelto a comenzar a murmurar la repetición de su verso favorito.

-No parece que tenga éxito como contadora de historias -dijo de repente el soltero desde su esquina.

La tía se ofendió como defensa instantánea ante aquel ataque inesperado.

-Es muy difícil contar historias que los niños puedan entender y apreciar -dijo fríamente.

-No estoy de acuerdo con usted -dijo el soltero.

-Quizá le gustaría a usted explicarles una historia -contestó la tía.

-Cuéntenos un cuento -pidió la mayor de las niñas.

-Érase una vez -comenzó el soltero- una niña pequeña llamada Berta que era extremadamente buena.

El interés suscitado en los niños momentáneamente comenzó a vacilar en seguida; todas las historias se parecían terriblemente, no importaba quién las explicara.

-Hacía todo lo que le mandaban, siempre decía la verdad, mantenía la ropa limpia, comía budín de leche como si fuera tarta de mermelada, aprendía sus lecciones perfectamente y tenía buenos modales.

-¿Era bonita? -preguntó la mayor de las niñas.

-No tanto como cualquiera de ustedes -respondió el soltero-, pero era horriblemente buena.

Se produjo una ola de reacción en favor de la historia; la palabra horrible unida a bondad fue una novedad para los niños. Parecía introducir un poco de verdad que faltaba en los cuentos que contaba la tía.

-Era tan buena -continuó el soltero- que ganó varias medallas por su bondad, que siempre llevaba puestas en su vestido. Tenía una medalla por obediencia, otra por puntualidad y una tercera por buen comportamiento. Eran medallas grandes de oro y chocaban las unas con las otras cuando caminaba. Ningún otro niño de la ciudad en la que vivía tenía esas tres medallas, así que todos sabían que debía de ser una niña extraordinariamente buena.

-Horriblemente buena -citó Cyril.

-Todos hablaban de su bondad y el príncipe de aquel país se enteró de eso y dijo que, ya que era tan buena, debería tener permiso para pasear, una vez a la semana, por su parque, que estaba afuera de la ciudad. Era un parque muy bonito y nunca se había permitido la entrada a niños, por eso fue un gran honor para Berta tener permiso para poder entrar.

-¿Había alguna oveja en el parque? -preguntó Cyril.

-No -dijo el soltero-, no había ovejas.

-¿Por qué no había ovejas? -llegó la inevitable pregunta que surgió de la respuesta anterior.

La tía se permitió una sonrisa que parecía una mueca.

-En el parque no había ovejas -dijo el soltero- porque la madre del príncipe había tenido un sueño en el que su hijo era asesinado dos veces: por una oveja y por un reloj de pared que le caía encima. Por esa razón, el príncipe no tenía ovejas en el parque ni relojes de pared en su palacio.

La tía contuvo un grito de admiración.

-¿El príncipe fue asesinado por una oveja o por un reloj? -preguntó Cyril.

-Todavía está vivo, así que no podemos decir si el sueño se hará realidad -dijo el soltero despreocupadamente-. De todos modos, aunque no había ovejas en el parque, sí había muchos cerditos corriendo por todas partes.

-¿De qué color eran?

-Negros con la cara blanca, blancos con manchas negras, totalmente negros, grises con manchas blancas y algunos eran totalmente blancos.

El contador de historias se detuvo para que los niños crearan en su imaginación una idea completa de los tesoros del parque; después prosiguió:

-Berta lamentó que no hubiera flores en el parque. Había prometido a sus tías, con lágrimas en los ojos, que no arrancaría ninguna de las flores del príncipe y tenía la intención de mantener su promesa por lo que, naturalmente, se sintió tonta al ver que no había flores para coger.

-¿Por qué no había flores?

-Porque los cerdos se las habían comido todas -contestó el soltero rápidamente-. Los jardineros le habían dicho al príncipe que no podía tener cerdos y flores, así que decidió tener cerdos y no tener flores.

Hubo un murmullo de aprobación por la excelente decisión del príncipe; mucha gente habría decidido lo contrario.

-En el parque había muchas otras cosas deliciosas. Había estanques con peces dorados, azules y verdes, y árboles con hermosos loros que decían cosas inteligentes sin previo aviso, y colibríes que cantaban todas las melodías populares del día. Berta caminó arriba y abajo, disfrutando inmensamente, y pensó: «Si no fuera tan extraordinariamente buena no me habrían permitido venir a este maravilloso parque y disfrutar de todo lo que hay en él». Sus tres medallas chocaban unas contra las otras al caminar y la ayudaban a recordar lo buenísima. Pero de repente, apareció merodeando por allí un enorme lobo que quería atrapar algún cerdito gordo para su cena.

-¿De qué color era? -preguntaron los niños, con un inmediato aumento de interés.

-Era completamente del color del barro, con una lengua negra y unos ojos de un gris pálido que brillaban con inexplicable ferocidad. Lo primero que vio en el parque fue a Berta; su delantal estaba tan inmaculadamente blanco y limpio que podía ser visto desde una gran distancia. Berta vio al lobo, vio que se dirigía hacia ella y empezó a desear que nunca le hubieran permitido entrar en el parque. Corrió todo lo que pudo y el lobo la siguió dando enormes saltos y brincos. Ella consiguió llegar a unos matorrales y se escondió en uno de los arbustos más espesos. El lobo se acercó olfateando entre las ramas, su negra lengua le colgaba de la boca y sus ojos gris pálido brillaban de rabia. Berta estaba terriblemente asustada y pensó: «Si no hubiera sido tan buena ahora estaría segura en la ciudad». Sin embargo, el olor de las plantas era tan fuerte que el lobo no pudo olfatear dónde estaba escondida Berta, y los arbustos eran tan espesos que podría haber estado buscándola entre ellos durante mucho rato, sin verla, así que pensó que era mejor salir de allí y cazar un cerdito. Berta temblaba tanto de miedo que la medalla de obediencia chocaba con las de buena conducta y puntualidad. El lobo se estaba yendo cuando oyó el sonido que producían las medallas y se detuvo para escuchar; volvieron a sonar en un arbusto que estaba cerca de él. Se lanzó dentro de él, con los ojos gris pálido brillando de ferocidad y triunfo, sacó a Berta de allí y la devoró hasta el último bocado. Todo lo que quedó de ella fueron sus zapatos, algunos pedazos de ropa y las tres medallas de la bondad.

-¿Mató a alguno de los cerditos?

-No, todos escaparon.

-La historia empezó mal -dijo la más pequeña de las niñas-, pero ha tenido un final bonito.

-Es la historia más bonita que he escuchado nunca -dijo la mayor de las niñas, muy decidida.

-Es la única historia bonita que he oído en mi vida -dijo Cyril.

La tía expresó su desacuerdo.

-¡Una historia indecente para niños pequeños! Ha destruído años de cuidadosa enseñanza.

-De todos modos -dijo el soltero cogiendo sus pertenencias y dispuesto a abandonar el tren-, los he mantenido tranquilos durante diez minutos, que es mucho más de lo que usted pudo hacer.

«Infeliz señora -se dijo el soltero mientras bajaba al andén de la estación de Templecombe-. ¡Durante los próximos seis meses esos niños la asaltarán en público pidiéndole una historia inadecuada!»

FIN

lunes, 8 de septiembre de 2008

Mudanza


Voila, compañeras! No sé si las había anoticiado al respecto, pero la editorial se muda. El nuevo edificio queda en San Isidro, lejos. Auqnue nos trasladan en combi, deberé tomar un colectivo para agarrar la combi. Ufa.
Desde la semana que viene voy a trabajar acá. Los vidrios espejados son para espiar a los vecinos.
Por mi parte, me agarró un poco de malhumor el findesemana, porque la actual localización me viene muy bien. Queda a 7 cuadras de casa. pero bueno, son las leyes del capitalismo y las acepto. Soy libre de mudarme a algún país socialista, en donde estaría privada de comprar perfumes, celulares, condimentos....y posiblemente mi trabajo tampoco quedaría cerca de casa. En fin, muñequitas, muy lindas las fotos de cada una. Creo que estamos bien representadas, cada una en una atmósfera muy personal. Para Agus: ¿Qué nombre tenía el pollito?
Un beso,
Paulo

lunes, 1 de septiembre de 2008

Fin de semana en La Plata


Hola, chicas!
Les cuento que aquí por esta parte del mundo, un poquito antes de que el Río de la Plata se desmaye en los brazos del Atlántico, no tan cerquita de la costa, ahí, sí, ya comienzan a soplar brisas primaverales.
(Me puse lírica porque escribo este en medio de la corrección del Capítulo 6 de Lengua de séptimo grado, y éste, queridas, trata sobre la poesía)
Soplan cálidas brisas, decía, y envuelta en ellas desplasésome yo misma el día de ayer, a las plazas de la ciudad de La Plata. No fui sola, sino acompañada por un grupo de amigas, en el auto de una dellas, joven que bien maneja.
Tomé mate hasta cansarme,
tomé sol y tomé aire,
quien tomara solita linda,
tu corazón en buenosaire...
La Plata es una ciudad muy bonita. Similar a Buenos Aires, con plazas, parques, lagos artificiales, etc. me parece que yo fui concebida allí? pregunto, para que madre despeje dudas. Es la capital de la provincia.
Paula

paula

agustina

sil

andre