Finalmente llegó la noche: 5 de enero, noche de Reyes. Como yo respeto la tradición pero todavía más, los regalitos... puse un par de zapatos cerquita de la ventana para que los reyes o alguno de sus empelados puedan cumplir con su deber. Es decir, cumplir con mi lista de regalos.
No tuve suerte, les tengo que decir. No me trajeron nada de lo que les pedí. Yo no sé si no les gustó el pastito que les puse en un platito o el agua que les volqué en un cuenquito... o quizás les molestó que mi carta estuviera toda escrita en diminutivo. Lo cierto es que no me trajeron nada. Ni
1. el helicópterito para ir a visitar a mis sobrinas más seguido;
2. el perfumito para el Lucky y las perritas;
3. el periquito nuevo para la abueli;
4. la tortita de chocolate interminable para el mate de la tarde;
5. los lapicitos de colores para dibujar
6. los folitos, para lo mismo.
¿será que mis zapatos tenían olor a pata? ¿será que estaban viejitos? porque mal no me porté, para nada... os juro

En fin, espero que vosotras hayáis tenido más suerte que yo, que sólo obtuve una foto de los visitantes. Pasaron para avisarme que no me dejarían nada, ni una rosca de reyes. Y también me dijeron que los padres no existen y que deje de pedir cosas ridículas. Me despertaron las guachas (tengo que aclarar que son reinas, no reyes) Me dejaron una foto de ellas para que las viérais y dejárais de inventar que son reyes, buenos y que uno es negro.... mentira! Mirad:

Más que reinas se han comportado como brujas estás tres señoritas. Estoy que trino.
Tía p.