
Advertencias para subir una escalera
Cuando uno cree que las escaleras solamente sirven para subir o para bajar, está totalmente equivocado: también son para caerse. Depende de lo que uno pueda y de lo que ellas quieran. Por eso estoy segura de que las escaleras resbalan a la gente (“Hay que tener tanto cuidado…” dice el abuelo Cacho); y además, siempre resbalan de menor a mayor. Por ejemplo: a mi hermanito (que recién aprendió a caminar y se tambalea por el peso de los pañales) la escalera lo resbala de siete a once veces por día. A mi prima Memé, que va a cumplir siete, la resbala dos veces por la tarde y dos veces por la mañana. Yo, que voy a pasar a quinto, soy resbalada de vez en cuando (más o menos cada cinco días). El abuelo Cacho, una vez al año, si es que se olvidó de ponerse los lentes, o bien, si enceraron la escalera con exageración. A la tortuga, que es muy mayor, no la resbala: la paraliza. No logramos que suba ni un solo escalón.
Las conclusiones que anoté en mi libreta son:
1º) Cuando uno es más chico la escalera se porta peor. Pero si uno es más grande, muestra un poco de respeto.
2º) A las tortugas las ignora.
Sin embargo, cuando le leí las advertencias a mi prima Memé, ella me contó que una vez, en una hostería de las sierras de Córdoba, vio una escalera que resbalaba viejitas sin demostrar el más mínimo respeto hacia los mayores. En fin, ésa sería la excepción que confirma la regla.
Por mi investigación también pude descubrir que existen casos especiales. Por ejemplo: las escaleras para subir al tobogán son más sinceras. Uno sube y sube para poder tirarse y resbalar contento desde arriba. Resbalar así es otra cosa.
Las escaleras de caracol no resbalan: marean, e incluso te llenan la cabeza de burbujas. Las escaleras mecánicas, al principio, parece que son distintas, pero no: igual tropiezan a la gente y a veces le dan hipo.
Pienso que es por eso que se inventaron los ascensores. Yo creo que los ascensores son mejores, pero mi prima Memé dice que los ascensores no resbalan… pero despeinan.
Le voy a decir a mi abuelo Cacho que me compre otra libreta, así puedo investigar lo que dijo mi prima sobre los ascensores. Puede ser un asunto apasionante.
Eso sí, con mi abuelo Cacho no voy a poder contar para el experimento porque se quedó un poco pelado y si sube a un ascensor seguro que no se despeina. Aunque puedo probar con mi tía Lulú, que es azafata, o con mi tía Lilí, que es peluquera. Y después les cuento.
Este es un homenaje de una autora argentina a las instrucciones de Cortázar que copió la tía Andrea. Lo saqué del libro que cito acá abajo.
Autora: Beatriz Actis en: Para alegrar al cartero y otros cuentos. Buenos Aires, Cántaro, 2004.











