viernes, 12 de febrero de 2010

Un bello poema para las amantes de si mismas


El poema de la puente

Kate Rushin

Estoy harta,
enferma de ver y tocar
ambos lados de las cosas
Enferma de ser la condenada puente de todos

Nadie
se puede hablar
Sin mí
¿No es cierto?

Explico mi madre a mi padre mi padre a mi hermanita
mi hermanita a mi hermano mi hermano a las feministas blancas
las feministas blancas a la gente de la Iglesia Negra
la gente de la iglesia Negra a los ex - jipis
los ex - jipis a los separatistas Negros
los separatistas Negros a los artistas
los artistas a los padres de mis amigos…

Después
tengo que explicarme a mí misma
a todos

Hago más traducciones
que las malditas Naciones Unidas.

Olvídense
Me enferman

Estoy enferma de llenar sus huecos

Enferma de ser su seguro contra
el aislamiento de sus autoimpuestas limitaciones
Enferma de ser la loca en sus cenas festivas
Enferma de ser la rara de sus meriendas del domingo
Enferma de ser la única amiga Negra de 34 individuos blancos

Encuéntrense otra conexión al resto del mundo
Encuéntrense otra cosa que los legitime
encuéntrense otra manera de ser políticas y estar a la moda

No seré su puente a su feminidad
su masculinidad
Su humani-dad

Estoy enferma de recordarles que no
se ensimismen tanto por mucho tiempo

Estoy enferma de mediar sus peores calidades
de parte de sus mejores

Estoy enferma
de recordarles
que respiren
antes de que se asfixien
con sus propias tarugadas

Olvídense
Crezcan o ahóguense
evolucionen o muéranse

La puente que tengo que ser
es la puente a mi propio poder
Tengo que traducir
mis propios temores
Mediar
mis propias debilidades

Tengo que ser la puente a ningún lado
más que a mi ser verdadero

y después

seré útil

(del libro Esta puente, mi espalda. Voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos)

¿Qué resignamos de nostras mismas al ofrecernos como un puente?
Esta poeta feminista afroamericana se lo preguntaba en los 70 y fue una de las primeras en denunciar que la "hermandad" a la que la convocaban las feministas blancas usualmente implicaba para ella resignar la diferencia de la negritud; y al mismo tiempo, la "hermandad" de la que hablaba el movimiento negro implicaba para ella resignar la diferencia de la feminidad. Obviamente, a la piba no le copaban ninguna de las dos cosas

2 comentarios:

Madre dijo...

Yo creo que se hartó de tanta manipulación y de no escucharse a sí misma, que en definitiva es lo que vale.
Si uno aprende a estar en silencio, a meditar un segundo aunque más no sea, encontrará a ese ser interno que es quién más tarde o más temprano nos va a decir por donde tirar.
Yo diría que más que "puente" hay que ser vehículo amoroso hacia nuestro prójimo.
El que no se mueve impulsado por el amor a sí mismo y a sus semejantes, no ecuentra el equilibrio ni la paz.

Anónimo dijo...

AMEN


paula

agustina

sil

andre