Lamento importunarlas con el cambio de planes informativos. La noche de anoche se ha visto reducida a un mínimo insignificante ante tan tremebunda historia que he descubierto. Palpitaba una falta intolerable a mi ética periodística si omitía esta historia. Podría titularla con mi humilde inteligencia creativa como La semilla de la rebeldía, o La maldita de la catequista o simplemente: La huída

Como es usual en estos eventos familiares tan típicos, se narran historias del pasado común del grupo. La historia comienza a ser narrada a partir de una imagen que todos recuerdan vagamente: la de la rebeldía. Mientras los comensales precisaban la identidad de tan intrépida protagonista de la huída, se fueron dando detalles que posteo a continuación en una reconstrucción histórica.
La protagonista era una niña de diez u once años, que sorprendió y alteró la fe de un público que aparentemente no cuestionaba o no concebía el terror que tal acontecimiento podía causar en una joven libertaria. Imagínenla (yo no podía evitar hacerlo y sonreir maliciosamente, qué alegría me dan estos destellos de un pasado que no nos niega): un altar en una iglesia local, un evento religioso donde una masa de niños y niñas "se comen a cristo en carne y sangre". Sube unos escalones, ve a tan terrible monje de blanco y rojo y..............
sale corriendo. ¡INCREIBLE! Detuvo y alborotó la ceremonia, todos desdesperados porque una niña huía y rompía las filas de tan inocentes corderitos...
Imaginen el acto de escapar de aquella iglesia! !!
Luego como suele ocurrir con los niños, son forzados por la voluntad de sus padres y mayores. Pero no deja de ser de lo más inspirador recordar tal acto de rebeldía. Me gustaría conocer a esa muchacha, si está entre mis lectoras, que me cuente su historia y sus recuerdos. ¿Cómo se imaginan mis muchachas a una jovencita con un pasado tan heroico? ¿Se reconocen en ella?

2 comentarios:
Esa fue Paula!
No me acordaba de eso! qué risa! me imagino la cara de todos. ¿Pau, vos te acordabas?
Bueno, si eefctivamente. Soy la de la historia, aunque no me reconocí inmediatamente.
El asunto no fue tan heróico- aunque por qué no recordarlo de esa forma. Después de todo, somos hijas de una inventora, una artista de la memoria.
Pasó que me quedé sin aire frente al altar(el conocido truco de somatizar).
La verdad es que no me acuerdo mucho más, creo que me hicieron sentar y comulgar última de todas.
Ahora cada vez que me siento incómda en un lugar me asfixio
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